30 de març de 2009

"El aragonés fue el romance original en zonas ribagorzanas"

Chesús Vázquez Obrador. D.A
El lingüista Chesús Vázquez habló de la toponimia del Alto Aragón
Chesús Vázquez Obrador, profesor de Lengua Española en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación del Campus oscense, abrió ayer en el IEA el ciclo "La lengua de las zonas orientales del Alto Aragón", con una conferencia en la que abordó "los rasgos de carácter aragonés en la toponimia en la Media y Alta Ribagorza". Vázquez, especialista en la lengua aragonesa, sostuvo como principal hipotesis que el aragonés fue "el romance original" de esas regiones en los siglos VIII y IX.
O. ISARRE 06/03/2009

HUESCA.- La zona central y oriental de la Ribagorza conservan "un sustrato toponímico aragonés" a pesar de ser regiones con un habla catalana. Chesús Vázquez Obrador, profesor de Lengua Española en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación, considera que esta pervivencia del aragonés en los topónimos se debe a que el aragonés "fue el romance original de los siglos VIII y IX" en dichas zonas, las situadas entre Bonansa y Las Paúles.
El "habla viva" de la Media y Alta Ribagorza, sostiene Vázquez, apenas cuenta con "algunas palabras, muy pocas", que revelen su carácter aragonés, "todas las demás son de origen catalán", pero si esta influencia del aragonés en los topónimos todavía pervive es a causa de que "la progresiva catalanización de la lengua que se vivió en estas zonas no afectó a los topónimos porque los habitantes todavía seguían llamando a los lugares por sus antiguos nombres para que todos los distinguieran", en una costumbre que ha durado hasta nuestros días, dice el doctor en Filología Hispánica y especialista en aragonés, materia de la que ha publicado varios libros (seis de ellos sobre términos de toponímicos) y alrededor de medio centenar de artículos periodísticos en diferentes medios de comunicación.
Eso mismo, topónimos derivados del aragonés y una lengua hablada diferente a éste, ocurre hoy mismo en pueblos como Arguis o Siétamo, "en los que se habla español pero se usan topónimos aragoneses" para que todos los habitantes sepan de qué lugar se está hablando, a pesar de que ese nombre esté en otra lengua a la empleada para el resto del lenguaje.
Mediante esta hipótesis, Vázquez Obrador quiere constatar que "a través de los nombres toponímicos, estas zonas vivieron fenómenos fonéticos similares a los que vivió el aragonés" en otros lugares. Es, por ejemplo, lo que hoy hay en la zona entre Campo y Graus, con "un ribagorzano de carácter aragonés".
Y aunque el fenómeno analizado en su conferencia "Rasgos de carácter aragonés en la toponimia de la Media y Alta Ribagorza" (toponimia de una lengua, lenguaje cotidiano de otra) es "general", Vázquez apunta zonas del Alto Aragón en las que no se cumplen estos dos requisitos. Una de ellas es la zona oriental de la provincia, como Benabarre o Torla, con toponimia "ya catalana aunque haya algún fenómeno aragonés", en contraste con la Ribagorza aragonesa, en la que "también hay topónimos catalanes, pero el porcentaje de los aragoneses es mucho más elevado".
El ciclo de conferencias "La lengua de las zonas orientales del Alto Aragón: el testimonio de la documentación escrita y la toponimia", inaugurado ayer por Vázquez, continuará en el IEA el jueves que viene, con la charla de Artur Quintana i Font.