30 de març de 2009

Protofilólogos contra el catalán

CARTAS AL DIRECTOR
Natxo SOROLLA Sociólogo 29/01/2009

Oscuros tiempos aquellos en los que debe explicarse lo evidente. Y a eso están condenando a este país algunos protofilólogos y políticos que han decidido anteponer la política a la ciencia. Las Universidades han afirmado, afirman y afirmarán que la lengua histórica de la Ribagorza, la Litera, el Bajo Cinca y el Matarraña es el catalán. Otra discusión es el reconocimiento político de esta lengua, su protección legal y su uso institucional. Pero la presencia del catalán en la Franja no ha sido discutida por ningún departamento universitario, ni por ninguna ley. La única ley que por el momento ha puesto nombre a las "modalidades lingüísticas" de Aragón ha sido la Ley de Patrimonio Cultural, donde el PAR jugó un papel esencial en defensa de estas denominaciones. Y tal como era de esperar, las teorías exóticas sobre el nombre y la naturaleza de nuestras lenguas fue apartado: "El aragonés y el catalán, lenguas minoritarias de Aragón, en cuyo ámbito están comprendidas las diversas modalidades lingüísticas, son una riqueza cultural propia y serán especialmente protegidas por la Administración". No podían utilizarse unas denominaciones más claras. Aun así, algunos políticos aragoneses se obcecan en aliarse con teorías macabras. Pueden discutir qué tipo de políticas protegen mejor la lengua de estas comarcas, o incluso poner en duda la necesidad de proteger éste o cualquier otro patrimonio, pero se han obsesionado en negar la palabra de los más importantes catedráticos.
En el País Valenciano a la lengua propia se la denomina valenciano, y tal como la Acadèmia Valenciana de la Llengua, su máxima autoridad lingüística, dictaminó, "la lengua propia e histórica de los valencianos es también la que comparten las comunidades autónomas de Cataluña y de las Islas Baleares y el Principado de Andorra. Así mismo, es la lengua histórica y propia de otros territorios de la antigua Corona de Aragón (la franja oriental aragonesa, la ciudad sarda del Alguer y el departamento francés de los Pirineos Orientales)". No sólo confirma la extensión de los límites lingüísticos universalmente conocidos, sino que destaca que esta lengua se extiende a la Franja.
Y ese reconocimiento legal del catalán se sucede en todos y cada uno de los territorios de lengua catalana. Dice el Estatuto balear que "la lengua catalana, propia de las Islas Baleares, tendrá, junto con la castellana, el carácter de idioma oficial". En Francia dice la Ley Deixonne, de 1951, que "se autoriza la enseñanza facultativa de ciertas lenguas regionales: el vasco, el bretón, el catalán y el occitano". En Andorra dice la constitución que "La lengua oficial del Estado es el catalán". Y para el Alguer dice la "Ley de promoción de la cultura y la lengua de la Sardeña" que "el mismo valor asignado a la cultura y la lengua de la Sardeña es reconocido para la cultura y la lengua catalana del Alguer".
Podemos preocuparnos profundamente por conocer cuál es la mejor política que protegerá nuestro patrimonio, cómo consolidar el uso de las lenguas propias y los derechos de sus hablantes, pero raramente los políticos deberían poner en duda la naturaleza lingüística de las hablas de la Franja. El político que niega que en la Franja se habla, se escribe y se piensa en catalán es el mismo que preferiría que en la Franja no quedase rastro de la diversidad lingüística.



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